Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha tenido la necesidad de encontrar propósito en su vida. No importa la cultura ni la época, todos, en algún momento, nos preguntamos por qué estamos aquí.
Las personas pueden proponerse sus propias metas y llegar a conseguirlas, pero una vez que las cumplieron sienten un vacío, suelen una y otra vez poner algo delante de sus ojos, esperando que, aquello en lo que han puesto su confianza, es lo que desean, pero, aunque lo consiguen terminan con un deseo insatisfecho.
De alguna u otra forma, llegamos a las preguntas ¿Cuál es mi propósito? ¿para qué estoy aquí?
El tiempo perfecto de Dios y el vacío del corazón
Eclesiastés 3:11 dice: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que este alcance a entender la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.” Primero que todo, es esencial entender que el tiempo de Dios no es el mismo tiempo de nosotros, el tiempo de él, es perfecto. Dios creó todo de manera perfecta, en su debido momento.
Partiendo de esto, es necesario llegar a ese punto donde encontramos ese vacío, porque de ahí, parte esta pregunta que es fundamental para nuestra vida, si lo que vivimos ahora no llena ese vacío, si las cosas materiales o abstractas, de las cuales creía que era el sentido de mi vida, no me hacen sentir pleno, es donde el corazón pregunta una y otra vez ¿para qué estoy aquí? ¿qué es lo que buscaba? ¿qué es lo que me hace falta? ¿por qué me siento así?
Inevitablemente, nuestro corazón está buscando a Dios, porque como seres humanos tenemos una conexión con nuestro creador, como seres humanos tenemos un deseo por trascender y… a pesar de tener ese anhelo, el ser humano, por sí solo no puede comprender plenamente la obra de Dios.
¿Qué es el propósito?
¿Entonces, que es el proposito?
Si pensamos, por ejemplo, en un reloj, fue diseñado con precisión para marcar el tiempo, no para servir de adorno o para almacenar algo. Cada pieza en su interior fue colocada pensando en su función.
Podríamos pensar también en un instrumento musical. Un violín y una guitarra no tienen la misma forma, ni producen el mismo sonido, porque su creador pensó primero en el resultado que quería lograr. El diseño obedece al propósito.
Eso es, precisamente, lo que define el propósito: aquello para lo cual algo fue concebido y formado desde el principio.
De la misma manera, el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, no fue producto del azar. Fue pensado por su Creador, diseñado con intención antes de que siquiera existiera físicamente.
Cada aspecto de nuestra vida —nuestro razonamiento, nuestras emociones, nuestra capacidad de amar, de crear, de decidir— responde a ese diseño original.
Y lo más hermoso, es que somos tan distintos: con dones, talentos, formas, colores, idiomas y lugares diferentes. Nada en nosotros fue improvisado.
Diferencia entre metas y propósito
A veces confundimos propósito con metas.
Una meta es lo que yo quiero alcanzar —el qué.
Por ejemplo, puedo decir: “quiero ser médico”. Esa es una meta.
Pero el propósito es el por qué y el para qué. ¿Para qué quiero ser médico? Tal vez digo: “para curar enfermos”. Bien, pero eso todavía describe lo que hago, no el motivo profundo. Entonces vuelvo a preguntar: ¿por qué quiero curar enfermos? ¿Qué hay detrás de eso?
Ahí es donde muchos se pierden.
Confunden metas con propósito, y viven toda la vida alcanzando metas, pero sin saber para qué las alcanzan. Por eso hay tanta gente que logra lo que se propone, y aun así se siente vacía. Porque nunca descubrió la razón detrás de lo que hacía. Y ese vacío, una vez más, tiene que ver con NO conocer al Creador.
Cuando las metas no llenan el corazón
Nos proponemos metas porque todos anhelamos sentir que nuestra vida tiene sentido. Queremos creer que nuestra existencia tiene valor.
Y en un mundo que mide el valor por la productividad, terminamos creyendo que “valer” significa “lograr”.
Así que nos fijamos metas como: acumular cierta cantidad de dinero, obtener títulos, abrir una empresa, ganar reconocimiento. Pensamos que, al llegar ahí, finalmente nos sentiremos plenos. Pero cuando alcanzamos eso, descubrimos que todavía falta algo, y buscamos otra meta más.
El problema no son las metas. Es que, sin propósito, nada llena realmente el corazón.
El verdadero sentido llega cuando lo que logro se alinea con el propósito para el cual fui creado.
Cuando las metas se alinean con el propósito
Cuando mis dones, talentos y oportunidades dadas por Dios se conectan con lo que hago, entonces metas y propósito se encuentran.
Y ahí, por primera vez, empiezo a experimentar verdadera satisfacción, porque ya no solo estoy haciendo cosas… estoy cumpliendo aquello para lo que fui diseñado.
Lo curioso es que no todos fuimos llamados a hacer lo mismo.
Lo que llena a uno, quizá no llena al otro. Lo que impulsa te impulsa a tí, puede no impulsar a la persona que tienes al lado.
Dios nos creó con pasiones, visiones y capacidades diferentes, y eso no es malo, es hermoso.
Es parte de Su creatividad infinita.
Mira cómo Él levantó a distintos hombres en la Biblia con propósitos muy distintos:
A David lo llamó para ser rey; a Daniel, para ser profeta; a Abraham, para ser patriarca de una nación; Incluso, Uso a José para gobernar Egipto y llevar a los Israelitas allí, donde luego serian esclavizados y liberados por el mismísimo Dios a través de Moisés, todos estos hechos y cada uno de estos hombres tenía un propósito, que Dios les entregó incluso antes de su nacimiento, porque Dios ya había dicho esto a Abraham.
A cada uno lo usó de manera particular, pero a todos para Su gloria.
Y eso me enseña que:
no necesito compararme con nadie, ni imitar el llamado de otro.
Solo debo descubrir lo que Dios pensó al crearme a mí.
Y cuando aprendo a ver así, también puedo aplaudir lo que otros hacen, aunque sea distinto a lo mío, porque reconozco que el mismo Dios que me formó, también los formó a ellos para algo especial.
EL proposito es: Vivir para glorificar a Dios
Entonces… ¿Como debo glorificar a Dios con lo que hago?
Ahora, cuando pienso en la gloria de Dios, entiendo que es todo lo que Él es y lo que proyecta hacia Su creación. Por eso, cuando yo vivo de una forma que refleja Su carácter, entonces también estoy proyectando Su gloria.
Glorificar a Dios es hacer que Él se vea bien a través de mi vida.
La palabra “gloria” en griego, doxa, originalmente significaba “hablar bien de alguien”.
Así que cuando vivo con amabilidad, servicio, humildad, mansedumbre, o paz, estoy mostrando el carácter de Cristo en mí.
Y cuando alguien ve eso y piensa bien de Dios, o incluso siente deseo de conocerlo, ahí es donde mi vida está cumpliendo su propósito.
Vivir para Su gloria no solo coloca a Dios en Su lugar, sino que también me da satisfacción.
Porque en ese momento mi vida está funcionando exactamente como fue diseñada.
Y al mismo tiempo, bendice a otros: porque cuando reflejo Su carácter, los demás pueden ver un poco de quién es Él y ser transformados también.
Vivir para la gloria de Dios, entonces, es hacerlo visible en cada área de mi vida:
en mi familia, en mi matrimonio, en mi trabajo, en mis decisiones.
Y cuando vivo así, no solo reflejo Su imagen, sino que también cumplo mi propósito.
Por eso, aquella persona quién decidió que su meta era ser médico para curar personas, cuando entiende que esta profesión fue puesta en su corazón por el creador para darle gloria, va a realizar sus estudios universitarios y de especialización con gran esfuerzo, va a atender a sus pacientes con gran amor y cuidado en sus consultas, su motivo no es ser un Doctor renombrado con gran cantidad de dinero, porque no busca reconocimiento ni nada material, este impulso de reflejar a su creador hace que todo en lo que se desempeña empieza a tener sentido.
Y es que… como decíamos antes, cada uno de nosotros estamos dotados con distintos dones, no necesitamos ser pastores o estar en una iglesia para darle gloria a Cristo, una familia en llanto le agradeció a un médico porque hizo un milagro, la cirugía que realizo le salvo la vida a su hija, el Doctor les respondió: – no me agradezca a mí, dale las gracias a Dios quién hizo el milagro y me uso a mi para lograrlo.
Esta familia no era creyente, pero lo que sucedió, y las palabras de este Doctor llegaron tan profundo, que hoy en día se convirtieron y están apoyando a más familias que padecen la misma enfermedad que tenía su hija. Esto es lo que ocurre cuando encuentra es propósito que Dios tiene para ti.
Muchos científicos ateos después de tantos años de investigación y descubrimientos terminaron siendo cristianos y ganaron premios Nobel por sus descubrimientos, muchos suelen creer que la ciencia se aleja de Dios, pero realmente, incluso Dios les da esa capacidad para mostrar su grandeza.
Muchas mujeres se sienten menospreciadas porque creen que estar en sus casas, cuidando de sus hijos, no es nada útil para la sociedad ni mucho menos para Dios, cuando una mujer virtuosa es un eje fundamental para el hogar, y nosotras como madres, tenemos la gran labor de educar, guiar y enseñar a nuestros hijos en la palabra de Dios.
Qué dice la biblia acerca del proposito
Salomón, quien escribió Eclesiastés, y fue el hombre más sabio de todos los tiempos. Escribió: – Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.
¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
- “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno…
Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas;
y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.”
- “Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa;
por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.”
- “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.”
Con esto no estaba diciendo que la vida carece de sentido, sino que la vida sin Dios carece de sentido verdadero. Todo lo que hacemos pierde su valor cuando se desconecta de su origen y de su fin: Dios mismo.
El problema no está en desear, sino en buscar fuera de Dios. El ser humano fue creado para reflejar la gloria de su Creador, y mientras busque sentido en sí mismo o en lo que posee, vivirá frustrado. El alma humana fue diseñada para algo más grande que su propia satisfacción. Fuimos hechos para vivir en relación con Dios, para glorificarle y disfrutar de Él para siempre.
Cuando esa relación se rompe por el pecado, el hombre comienza a girar en torno a sí mismo. Su propósito se distorsiona. Busca ser el centro, busca significado en lo pasajero, y así su vida se vuelve inestable, porque todo lo que es temporal termina por desvanecerse. La raíz de la insatisfacción humana está en esa desconexión espiritual: en haber querido vivir al margen de Aquel que le dio vida.
El verdadero significado del proposito
Encontrar propósito, entonces, es aprender a vivir sabiendo que toda mi vida pertenece a Dios. El trabajo, el estudio, el arte, la familia, y todo lo que hago es para darle gloria a él, cuando comprendes que el mundo no debe girar en torno a ti, sino que tú eres quien debe girar en torno a Cristo, no percibes el mundo igual, porque incluso el dolor y las dificultades tienen una razón de ser, la felicidad y el éxito no se vuelve en algo pasajero, dejarás de sentir aquel vacío porque al fin comprendes cual es el deseo mayor de tu corazón.
Espero que estas palabras sean de ayuda para tu corazón, déjanos en los comentarios ¿Ya encontraste tu propósito? Nos vemos la próxima semana. Dios te bendiga